CADENAS ROTAS (1946), de David Lean
La rápida ascensión hacia la cima social es un abismo que se abre en las relaciones de un alma errante. Nadie ha dado la cara para decir que un muchacho ha alcanzado esa posición gracias a una mano invisible y desconocida. Y así el universo de Dickens toma forma y se hace un retrato despiadado de unos cuantos defectos de un mundo que se estaba construyendo a base de desgracias personales. Los capítulos en los que haremos parada serán en lo grotesco como exageración de sombras que habitaban por las calles de un país correcto pero inhumano y también en la provocación que está ahí mismo, donde haya ojos que la quieran ver. Así descubriremos, sorprendidos, que nuestra mirada llega a rincones a los que la lectura nunca se atrevió a llegar. Por una vez, una adaptación cinematográfica es superior al material literario que sirve de inspiración. Detrás de la cámara, un meticuloso David Lean, que ya venía de hacer la que es, probablemente, la única historia de amor que el cine ha venido repitiendo una y otra vez en diferentes formatos y versiones como es Breve encuentro y que se preparaba a conciencia para, en un futuro no muy lejano, abordar la épica de un mundo en permanente guerra con El puente sobre el río Kwai. En cualquier caso, aquí se pone al frente de un reparto de actores con un peso formidable como John Mills o Alec Guinness y nos ofrece una película que pasa por ser inolvidable y que puebla, con aires góticos, nuestro álbum de imágenes de espectadores que han disfrutado del cine en estado inglés.
Y en medio de esas brillantes interpretaciones, nos encontraremos con una película dotada de una atmósfera propia, de una historia absorbente y que no posee más que escalones de un diálogo que se mantiene dentro de su época, de una perfección casi victoriana en su puesta en escena y de una recreación de unos años de miriñaque y chaquetas estrechas y pantalones de pitillo. Aquí, los detalles son protagonistas y la trama es el marco y la fotografía nos hará creer que paseamos por las calles adoquinadas metidos en un coche de caballos, mirando discretamente por la ventana para ver si podemos pillar algo que comentar en nuestra próxima hora del té.
No nos engañemos y mantengamos bien altas las grandes esperanzas. Es un melodrama al más puro estilo decimonónico pero bien es cierto que entre tanta ropa sin arrugas se esconde un sórdido retrato de la naturaleza humana, algo inherente en toda la literatura de Dickens que tan bien sabe trasladar Lean al cine y esa es la auténtica delicia de la película. Detrás de la corrección, siempre existe la corrupción. Detrás de la pobreza, tal vez se halle la garantía de la bondad. Detrás de cada vida, siempre hay una historia que contar. Y aquí tenemos la fascinante historia de un clásico de la literatura que supo convertirse en un romance para nuestra mirada de espectadores. Fuente: Los ojos del lobo Tenebroso folletín (abierto a la esperanza) Los personajes de Dickens son una bendición del cielo: insólitos, terribles, hermosos, complejos... Es decir, que el británico pone media película para que alguien con talento la complete. Si Cuarón la desbarató en su "modelna" adaptación, Lean la encarrila por la vía del gran cine, del cine clásico por perdurable, no por antiguo. Su folletín es un ejemplo perfecto de progresión narrativa, de puesta en escena y de depuración literaria. Habrá quien se mosquee por los cambios respecto al texto original, sin darse cuenta que dichos cambios no merman (en absoluto) el poder brutal del mismo ni su esencia, edificante, romántica y socialmente crítica. Retorcida historia de pasiones y ambiciones, de sueños alcanzados y truncados, de ricos fagocitando a pobres (tan Dickens) y viejos amargados jodiendo a jóvenes aún con mucho que vivir, Grandes esperanzas cohesiona su multiplicidad de registros y acaba rompiendo la crisálida de un espectador que, primeramente interesado, y luego literalmente absorbido, se deja abandonar ante la hipnosis narrativa que el propio original literario ya inspirara en lectores de medio mundo. Lo hace con ritmo, grandes actores (de edades excesivas, cierto), lecciones de moral subversivas (aquí es la "mala gente" y las clases bajas los que ayudan a progresar en la vida, no los poderosos) y una limpieza descriptiva que sublima la misma carne de sus personajes, todos inolvdables. Su riqueza visual, narrativa, su buen pulso y su mágico balanceo genérico (hay drama, gotas de comedia, incluso terror purísimo) hacen de esta adaptación una de las películas más brillantes de los años 40. En su emocionante discurrir, en su lenta revelación de secretos, en la tristeza legendaria de algunos de sus personajes (escalofriante Martita Hunt) alcancé un gozo que difícilmente encuentro en las películas que se estrenan actualmente. ¿Que ha envejecido? Me entra la risa. Yo la terminé de ver con los pelos de punta. Espléndida. Lo mejor: la historia es fascinante, y Lean la traduce a imágenes magníficamente. Lo peor: no cuelan Mills y Guinness de veinteañeros, ¿no? Mi querido y admirado bloody se queja de un desenlace demasiado pasteloso (no sé si usó exactamente esta palabra, pero por ahí iban los tiros). No, por dios. Es cierto que ambos enamorados salen corriendo de la casa agarrados como si eso fuera Sonrisas y lágrimas, pero ¿acaso hemos olvidado ya las innumerables sombras que han acompañado a la escena sólo unos segundos antes? El final es terrorífico, aunque acabe ganando el amor (y la luz). nachete La luz del día David Lean llevó a cabo las adaptaciones de dos obras de uno de los escritores más universales del mundo. Profusamente ensalzado en la pantalla, Charles Dickens aportó un legado literario que continúa en boga y que no cesa de ser ampliamente extendido y conocido en todas partes. Y mucha de esa difusión en la actualidad se la debe al cine. “Grandes esperanzas” es una de sus novelas más famosas, en la que se cristaliza ese espíritu dickensiano que los lectores (y no tan lectores) de cualquier época podemos reconocer. Y también un libro muchas veces llevado al celuloide. Dickens era un retratista de la pobreza en la Inglaterra industrial. Puede que nadie plasmara con tanta amarga crítica y sordidez las enormes diferencias sociales y las injusticias que atacaban sin piedad a quienes tenían la mala suerte de nacer en el cieno. La observadora mirada del escritor dirigía sus dardos con penetrante puntería hacia las clases acomodadas, tan regaladas de su posición y de sus privilegios; hacia las clases humildes, despreciadas por los que se llamaban a sí mismos poderosos y dignos, explotadas y arrastradas hacia la esclavitud de un progreso despiadado que medraba a costa de pobres desgraciados, abandonados a una perra suerte y condenados a malvivir como ratas en una ratonera; hacia un sistema cruel que no contribuía en absoluto a paliar las enormes diferencias, y que incluso abría aún más la brecha infranqueable. En “Grandes esperanzas”, Dickens exploró esa brecha que separaba a los ricos de los pobres, a los señores elegantes de los sencillos hijos del pueblo llano, envolviendo su idea central en una trama dotada de desangelado patetismo, de cierto toque de grotesco realismo con el que tanto simpatizaba, pero también con brochazos de intriga y de halo romántico. Y David Lean hizo una versión cinematográfica que tiende a resaltar el componente romántico y casi fantasmagórico. El planteamiento central es el de un niño huérfano y pobre, cuyo horizonte no pasa de llegar a convertirse en herrero. Pip crece bajo la tutela de una hermana ruda y avinagrada y de un cuñado dulce y comprensivo. Tiempo después de su encuentro con un proverbial desconocido en el cementerio, un acontecimiento da un giro a su rutina. Una señora, que posee una propiedad y riquezas, lo invita a su casa y, a partir del instante en que el chico cruza la verja de la misteriosa y decrépita mansión, se abre para él un anhelo que antes ignoraba. Desea salir de la pobreza y convertirse en un caballero, porque en la mansión habita una criatura bella como él no ha visto ninguna, una chica desdeñosa con él y de la que el pobre Pip se enamora. Ella es la joven protegida de la dueña de la casa, la cual es una mujer que vive encerrada en la oscuridad, en su rencor y en su despecho debido a una gran decepción amorosa. La dama se muestra amable con Pip y lo invita a regresar a menudo y a jugar con Estella, la preciosa chica desdeñosa.
Pip no sabe aún que está siendo objeto del juego de la amargada mujer… Y cae en la trampa. Perdidamente enamorado de Estella, se siente atrapado en su condición, que la chica tanto infravalora… Y la respuesta a sus plegarias se le concede cuando un benefactor anónimo decide erigirse en su mecenas. Ahora él podrá aspirar a ser un caballero y así elevarse a los ojos de la altiva Estella…
Un clásico de la literatura recreado en una película que capta el espíritu de Dickens con toda su carga de denuncia hacia las miserias, injusticias, desigualdades y lacras que arrastra la especie humana. Vivoleyendo Gran cine! Hay que quitarse el sombrero ante tal despliegue de calidad. Muy buenos actores al servicio de una buena historia (de Dickens ni más ni menos), y muy bien contada. Y es que el buen hacer de Lean es indiscutible. Yo destacaría el ritmo impecable con que desarrolla la trama. En ningún momento da la impresión que sobre o falte escena alguna. Todo parece estar en su justa medida. Además me ha llamado la atención la utilización muy común de éste director de escenarios reales abiertos, muy poco dados en películas de la época, con una gran eficacia. El manejo de la luz (de gran dramatismo y muy adecuado a la época en la que se desarrola el guión) y los encuadres magistral. En definitiva una gran película para disfrutar de un clásico del cine que ya es historia. Sobresaliente. Un ejemplo de la técnica de Lean con la cámara está en la escena en la que el protagonista (de niño) entra en la habitación de la mujer, supuestamente loca, y ésta le dice que se acerque. Un travelling excelente, que me sorprendió en una película tan antigua.
Tal vez lo que menos me convenció fué la elección de la protagonista femenina adulta, sobretodo en relación a su supuesto personaje adolescente, interpretado por una ya bellísima Jean Simmons. Creo que ésta misma podría haber hecho perfectamente, incluso mejor, el papel. Pero aún así el resultado general raya la perfección. Jimi Great expectations de Sir David Lean Lean siempre fue un director de trazo fino y elegante, como lo demuestra está cuidada adaptación de la novela Grandes esperanzas de su compatriota Charles Dickens, es sin duda el cineasta que con más talento y afinidad ha sabido reflejar el mundo del célebre escritor londinense en la gran pantalla. Con un gran reparto, y una brillante narrativa, fiel a su génesis literaria, David Lean nos adentra en el quinto largometraje, de su poca pero colosal filmografía, en este drama de época que transcurre en la Inglaterra del siglo XIX, a través de una lograda ambientación y con unos decorados magníficos que le valieron en su día un Oscar a la mejor dirección artística y a la mejor fotografía en blanco y negro de Guy Green.La escena al principio, de Pip y él preso en el cementerio cuando el primero visita la tumba de sus padres, o los interiores de la decadente casa señorial de la señora Havisham, tienen un aire casi tétrico y tenebroso, que invita a que se siga con un inusitado interés la atmósfera que envuelve todo el relato, genialmente filmado por Lean. Supone también, la primera aparición de uno de los mejores actores británicos de todos los tiempos, el también Sir, Alec Guinness, uno de los actores fetiches del director inglés con el que trabajó en varias de sus más importantes, y recordadas películas ("El puente sobre el rio Kwai", "Doctor Zhivago", "Lawrence...etc). Obra de magnífica calidad, estas Cadenas rotas, que más que separar unen a David Lean, con el universo Dickensiano, del que también adaptaría años más tarde la no menos excelente Oliver Twist. Notable clásico. Ariesmarlon |