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| Amadeo Martinez Ingles - 23-F La Conspiracion de Mayo Entre los documentos reservados del Ejército español aparecen unos confidenciales que precisan con minuciosidad cómo en la madrugada del día 2 de mayo de 1981 se iba a provocar la caída del Gobierno y de la Jefatura del Estado con el fin de variar el orden político democrático. Ese «nuevo Alzamiento», de corte puramente franquista, no llegaría nunca a materializarse porque otro «golpe militar» se cruzó en su camino; el institucional y palaciego «23-F», tachado desde el principio por los poderes públicos españoles de «intentona involucionista a cargo de unos cuantos militares y guardias civiles nostálgicos del anterior régimen», aunque en realidad fue una maniobra político-m ilitar-instirucional, nacida en los aledaños de la primera magistratura de la nación, para parar como fuera el peligro de mayo. En esta nueva obra, el coronel Martínez Inglés desvela por primera vez uno de los secretos mejor guardados de la transición española presentando cómo nació, se preparó, estudió y organizó el golpe duro «a la turca», la gran apuesta golpista denominada «Operación Móstoles» dentro de un movimiento de corte franquista que hubiera podido conducir al país a una nueva guerra civil. La conspiración de mayo es un libro muy documentado, definitivo, polémico y clarificador de un periodo de nuestra historia en el que se analiza también con todo detalle el verdadero liderazgo del Rey en la trama golpista, el papel de los partidos políticos, la fidelidad de Armada y Milans del Bosch al monarca y las tramas ocultas en el seno del Ejército español para derrotar a la democracia. Descubrimientos Juan carlos I fue el máximo resposable del intento de golpe de estado del 23-F ![]() Averiguamos que juan carlos I fue el máximo resposable del intento de golpe de estado del 23-F, con el objetivo de asentar a una monarquia que no tenia en ese momento el apoyo ciudadano, quitando a un presidente que era uno de sus fieles, pero que, posteriormente no quería dejarse mangonear, para poner a un grupo de fieles lacayos dirigidos por el general Armada. Al fracasar la intentona, aprovechó el momento para aparecer ante el pueblo como el que detuvo el golpe, salvador de la patria a costa de la inteligencia ajena y jugando en esta comedia con la tragedia de la guerra civil. En este libro también se muestra que la excusa última para el golpe de estado del 23-F fue adelantarse a otro posible golpe de estado posterior de carácter militar. “ —Sí, coronel, tiene usted razón —me señaló Milans del Boch en tono confidencial—. El rey, probablemente, se asustó y abandonó precipitadamente el proyecto político en el que tanto Armada como yo llevábamos meses trabajando. Sí, sí, se puede afirmar que en cier*ta medida nos abandonó; nos traicionó. Y, como usted sabe, no sólo a nosotros, sino a un puñado de buenos profesionales que arriesgaron sus vidas y sus carreras por él.” Juan carlos I se apalanca en el trono como “democrático” jefe del estado ![]() “Una vez nombrado sucesor y heredero por Franco, fue en noviembre de 1975, cuando, muerto el tirano, accediera al trono de España después de cerrar, bien es cierto que con la complicidad y asesoramiento de sus primeros validos (Torcuato Fernández Miranda en la política, y Armada y Milans en la milicia), tres rebuscados pactos secretos entre caballeros que le despejaran el peligroso camino con el que iniciaba su reinado: el primero, con el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, por el que se quitaba de encima la amenaza cierta de una guerra colonial con Marruecos a costa, eso sí, de entregar vergonzantemente a Marruecos el Sahara Español; el segundo, con los altos jerarcas militares del régimen para asegurarse su lealtad y colaboración después de la debacle del Sahara, prometiéndoles la permanencia sine die de los sagrados Principios del Movimiento Nacional, aunque con algunos cambios cosméticos que no lo pusieran en peligro y permitieran fuera aceptado por un pueblo español sediento de libertades y derechos en el marco de una transición controlada y controlable; y el tercero, en franca contradicción con el segundo, con las fuerzas políticas de la derecha (provenientes del franquismo) y de la izquierda (que habían luchado contra Franco), por el que se comprometía a conceder la ansiada libertad y el Estado de derecho a sus nuevos subditos, desprendiéndose formalmente de alguno de los poderes que el régimen franquista le había transmitido. Esto último a cambio, eso sí, de sustanciosas contrapartidas personales, institucionales, políticas y sociales entre las que ocuparían un lugar de honor las siguientes: aceptación plena por parte de todos de la nueva monarquía que él representaba, así como de todos sus símbolos (la bandera rojo y gualda, entre ellos); el blindaje de la misma a través de una Constitución, pactada y consensuada, con la que prácticamente resultara imposible que una nueva República pudiera resurgir algún día en nuestro país; la divinización, también constitucional, de su figura (inviolable y no sujeta a responsabilidad alguna); y el mantenimiento en su persona de la Jefatura Suprema de las Fuerzas Armadas, heredada asimismo del Generalísimo Franco, lo que unido al mandato testamentario del dictador a sus Ejércitos y al control de los Servicios de Inteligencia de los mismos, suponía dotarle de un poder personal inmenso; facultándole de facto para, al margen de cualquier Gobierno elegido democráticamente en las urnas, ejercer de perpetuo dictador coronado en la sombra. Y todo esto al margen de otras concesiones menores, como la asignación de una muy substancial partida presupuestaria para su Casa sin ningún tipo de control en su distribución y sin tener que rendir cuentas a nadie, la puesta en marcha otra vez (aunque sin una Corte tradicional de nobles y grandes de España que pudiera afearle algún día sus orígenes franquistas) de toda la parafernalia palaciega de la antigua monarquía borbónica: Regimiento de la Guardia Real, Unidad de Alabarderos del rey, concesión de títulos nobiliarios, representación del Estado español ante el mundo entero... etc. Y una muy sutil componenda, aparentemente baladí, y que con el paso de los años se revelaría como sumamente eficiente para la pervivencia de la Institución monárquica dados los vicios personales con los que estaba «adornado» el nuevo rey: un pacto de silencio, de respeto y de suma consideración por parte de todos los medios de comunicación nacionales en relación con aquellas informaciones, noticias, sucedidos o revelaciones que pudieran afectar a la persona del monarca y a su entorno familiar y social. Retrocedamos de nuevo a 1969, concretamente al 23 de julio. Fue cuando en una teatral ceremonia de las Cortes franquistas, se le elige oficialmente como sucesor de éste en la Jefatura del Estado español, a título de rey. En esta solemne sesión de las Cortes elegidas a dedo por el autócrata gallego, al primogénito del conde de Barcelona no le quedó más remedio que cumplir con su amo y señor, el general/ dictador que le hacía heredero de su feudo particular (la España del yugo y las flechas), y agradecerle su designación a través de un patético discurso que a mí, debo confesarlo con toda honestidad, con la información reservada sobre el personaje que en aquellos momentos ya obraba en mi poder, me produjo una enorme inquietud y un agudo ataque de vergüenza ajena. Aunque sin duda de un calibre menor que el que experimentaría seis años después, el 22 de noviembre de 1975, cuando el nuevo rey, sin duda por aquello tan pragmático y tan regio del «París bien vale una misa», se permitiría jurar ante las Cortes franquistas, presididas por el falangista Rodríguez de Valcárcel, aquello tan sonoro y falso de «guardar y hacer guardar los sagrados Principios del Movimiento Nacional y sus Leyes Fundamentales», cuando ya tenía en su democráticamente la idea de regalarnos bondadosamente a todos los españoles las libertades y los derechos que tan abruptamente nos había arrebatado su sanguinario mentor. El trono de España evidentemente bien valía una misa. Y un perjurio... Y lo que hiciera falta. Ya había negociado en la sombra con los que tenían el verdadero poder en España (los militares), haciendo las concesiones necesarias con la vista puesta en que la amada Corona que iba a recibir a cambio de su falso juramento no se cayera de sus sienes en mucho tiempo. Y también, con los políticos de ambos bandos enfrentados en la Guerra Civil para que, ¡pelillos a la mar!, aceptaran el particular cambio de cromos que él les ofrecía y que permitiera la puesta en marcha de la tan cacareada transición. Sin exigencia de responsabilidades para nadie, sin traumas, como si nada hubiera pasado en este país desde 1936 a 1945, con grandes dosis de amnesia política y judicial, presidiéndolo todo y con el aparato del sistema franquista, intacto y hasta reconfortado, al frente de las nuevas instituciones de la democracia...” Juan carlos I Entrega el Sahara a Marruecos a cambio del apoyo de los Americanos a su reinado. ![]() “… a Franco le quedan muy pocos días de vida, esta vez la moral del nuevo Jefe del Estado en funciones es muy alta y, tras la máscara de preocupación y pena que intenta transmitir en público, los que le rodean pueden apreciar una «autoritas» desconocida hasta el momento en él. Tanta, que en el plazo de muy pocas horas le llevará a tomar una decisión tan importante y arriesgada como la de establecer un personal y secretísimo pacto con el responsable de la política exterior yanqui, Henry Kissinger, por el que se comprometerá a entregar el Sahara Occidental a Marruecos a cambio de la inmediata desmovilización de la Marcha Verde y del total apoyo estadounidense a su incipiente reinado.” “El Borbón está en tratos secretos con los estadounidenses para la entrega del territorio, pero no tendrá ningún reparo moral en escenificar un «teatrillo castrense» con los militares españoles, a los que «traicionará» alevosamente en las siguientes horas, echando mano de la consabida parafernalia militar propia de estos actos. La improvisada legación castrense llega pues por sorpresa a El Aaiun (capital del Sahara Español) y en el primer acto oficial, una parada castrense en el acuartelamiento del Tercio de La Legión, el príncipe, revestido con la toga de Escipión el Africano, les espeta a los militares allí congregados: —España no dará un paso atrás. Cumplirá todos sus compromisos y respetará el derecho de los saharauis a ser libres, utilizando para ello todos los medios disponibles. —No dudéis un solo instante que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo.” “Todo se ha tejido entre bastidores, con la CÍA, el Departamento de Estado norteamericano y los servicios secretos marroquíes como maestros de una ceremonia bochornosa en la que el príncipe Juan Carlos ha movido sus hilos a través de sus validos y hombres de confianza: Armada, Mondéjar, Torcuato Fernández Miranda... mientras el Gobierno del anonadado Arias Navarro, con Franco moribundo y su porvenir político en el alero, se ha limitado a ejercer de convidado de piedra en la mayor vergüenza política y militar de España en toda su historia. Porque sí, efectivamente, este país, después de su flash imperial, ha padecido en diferentes épocas derrotas sin cuento, descalabros memorables y renuncios espectaculares, pero nunca jamás había traicionado de una forma tan perversa a sus propios ciudadanos (los saharauis lo de hecho eran en el otoño de 1975), se había humillado de tal manera ante un pueblo más débil que él pactando en secreto su rendición, y abandonado cobardemente el campo de batalla sin pegar un solo tiro. Todo ello después de entregar a su envalentonado enemigo acuartelamientos, armas y bagajes.” Alguien sabe de verdad el daño que se ha causado a los saharauis solo para incrementar las posibilidades de que este canalla ocupe el trono? Siempre la mentira propicia, siempre mostrando el gesto que más les favorece, siempre a espaldas y a costa de (casi) todos los ciudadanos. Sobre el Autor Amadeo Martínez Inglés (Zaragoza, 1936). En 1953 ingresó en la Academia General Militar de esa ciudad y en 1958, ya con el grado de teniente, participó en la Guerra de Ifni mandando la Sección de Asalto del Batallón Tetuán n.14 de Castellón, Por su actuación en esta contienda bélica, a lo largo de la cual efectuó arriesgadas operaciones de comando tras las líneas enemigas, fue propuesto por el coronel de su regimiento para la concesión de la Medalla al Mérito Militar. Se diplomó en Estado Mayor en 1969 y pasó varios años destinado en las unidades más operativas del Ejército español: Paracaidistas y Tropas Nómadas del Sahara. Durante la transición ocupó puestos importantes en la cúpula militar: jefe de Movilización del Estado Mayor del Ejército y jefe de Estado Mayor de la Brigada de Infantería de Zaragoza, realizando cursos en varios países y siendo, asimismo, profesor de Historia Militar y Estrategia de la Escuela de Estado Mayor. En 1987 alcanzó el grado de coronel. Es también diplomado de Estado Mayor por la Escuela de Guerra argentina y especialista en Estados Mayores Conjuntos, carros de combate, paracaidismo militar, unidades motorizadas, operaciones aerotácticas y fotointerpretación. Está en posesión de numerosas condecoraciones militares entre ellas tres cruces del mérito militar de 1a clase y la Cruz y la Placa de la Real Militar. Es autor de varios libros de gran difusión como España indefensa, Mi lucha por un Ejercito profesional, La transición vigilada, 23-F. El golpe que nunca existió o El Ejército español. De poder fáctico a ONG humanitaria. En Styria ha publicado Juan Carlos I el último Borbón. Última edición por xenkxxken; 16-Apr-2012 a las 18:44. |
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